LAS ENSEÑANZAS DE SHODAI SENNIN J. A. OVERTON-GUERRA

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Monday, June 8, 2015

EL FIN DEL MULTICULTURALISMO páginas 181-186

CRÓNICAS DE UNA TORMENTA PERFECTA:
La Narcorrevolución, la Crisis Internacional del Mundo Hispano 
y la Biopsicofilosofía Cultural.
VOL. 1 ZONA CERO – DE LA DENEGACIÓN A LA ADMISIÓN. 
Páginas 181-186


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EL FIN DEL MULTICULTURALISMO



El derecho a la libertad de culto es parte del gran legado del liberalismo, movimiento social y político emergente de la Ilustración europea. Implica que todo individuo tiene el derecho a sus propias creencias, en particular las religiosas. Fue ideada como uno de los pilares esenciales de la ideología de la Declaración de Independencia y de la fundación de los Estados Unidos de América; y se entiende como implícita en las palabras “fraternidad, libertad, igualdad” propias de la ideología social dominante en la Revolución Francesa; forma parte del concepto universal de los derechos humanos propiciado por la ONU; es la otra cara del multiculturalismo: la posición políticamente correcta – pero efectivamente errónea – de que todas las culturas son iguales y que ninguna es inherente superior a otra o a las demás.

Es la farsa más grande que se comparte y difunde entre casi toda la humanidad, es el mayor engaño mediante el cual las clases altas han mantenido su control social, político y económico sobre las bajas y los países del Primer Mundo sobre los del Tercero. Fue la herramienta psicológica, cognitiva, cultural más empleada por el esclavista sobre su mercancía humana y del colonizador europeo, y del neo-colonizador americano sobre el colonizado latinoamericano. Esencialmente consiste en dar permiso, o mejor aún, en venderle a un pueblo una serie de creencias que le incapacitan, desde la cuna hasta el sepulcro, para competir efectivamente en tu contra. Tienes el derecho de encerrarte mentalmente en una cosmovisión que garantiza mantenerte intelectualmente y físicamente en condiciones de inferioridad. En una palabra que te otorga el derecho de mantenerte “humilde”.
Como veremos en un futuro segmento dedicado al comentario de “La imitación a Cristo”, la palabra “humilde” tiene gran peso para la cultura hispana debido al efecto omnipresente de siglos y siglos de adoctrinamiento católico. Debido a este adoctrinamiento el latino aprende a valorar la humildad

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pero a resentir la altivez – la cual confunde con la soberbia de igual forma que confunde la autoconfianza con la prepotencia. A la hora de entender, en buena medida, por qué la cultura ibérica e iberoamericana (y aquí agrego la lusitana y la brasileña) carecen del capital cultural competitivo de casi cualquier otra cultura del mundo occidental conviene entender algo sobre lo que significa la “humildad” y cuál es la etimología de la palabra:

[Humilde] Proviene del latín humilis, que denotaba conceptos como ‘bajo’, ‘de corta estatura’, ‘rastrero’, ‘que tiene sentimientos bajos’, ‘descorazonado’, ‘mezquino’. Con el advenimiento del cristianismo, la humildad empezó a ser apreciada como ‘virtud moral’ – una categoría ligeramente inferior a las virtudes teologales y cardinales del cristianismo – y adquirió una connotación más positiva de la que había tenido para los romanos. Humilis se formó a partir de humus: ‘humus’, ‘tierra’, ‘suelo’…ccix


El cristiano, principalmente el católico, considera que la piedad del hombre se muestra en la humildad que demuestra ante todos los demás. ¿Por qué? Porque cualquier logro que el ser humano obtenga nunca es por su propia autoría: para el cristiano, el ser humano es solamente el ejecutor de la voluntad y de la capacidad de Dios. El concepto de Dios (de lo sagrado) y de la relación con Dios exige que el ser humano reconozca la gloria – y la autoría Divina – del Señor siendo humilde en su trato y manera. Más adelante trataré el proceso de la inversión de valores que emplea el cristianismo con respecto a los valores tradicionales de las castas guerreras, de la aristocracia romana y de la nobleza europea, pero de momento es indispensable considerar el precio que el hispano ha pagado, y sigue pagando, al considerar, como dice el personaje de Berganza en la obra cervantina titulada “El coloquio de los perros”: “la humildad es la base y fundamento de todas virtudes”.

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El “Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.”ccx, nos ofrece varias definiciones y aplicaciones del adjetivo “humilde”:

1) Se “aplica a la persona que tiene la capacidad de restar importancia a los propios logros y virtudes, y de reconocer sus defectos y errores”. Antónimo: “engreído”, “vanidoso”.
2) Se “aplica a la persona que pertenece a la clase baja, que tiene pocos recursos económicos.” Sinónimo: “modesto”.
3) Se dice de quien es “de rango inferior o de baja calidad: una choza humilde; era un humilde músico de iglesia.”
4) Humilde es quien es “dócil, obediente, sumiso”, lo opuesto de “soberbio”.
5) “Que carece de nobleza” – énfasis mío.
Humilde, “que carece de nobleza”. Entonces – ¿qué significa la nobleza?:
1) En los países aristocráticos se refiere a la “Clase o grupo social formado por los nobles de un país o un territorio.”
2) En términos de atributos del carácter o la personalidad: “Generosidad, honradez y total ausencia de maldad en una persona, en su comportamiento, su actitud o sus acciones.”
3) “Cualidad de los animales que son fieles a las personas: la nobleza es una cualidad del caballo.”
4) “Característica de las cosas que tienen gran calidad, categoría o valor: la nobleza de la madera y del mármol hacen de este mueble un ejemplar único.”

Hay una expresión francesa, “noblesse oblige” – la nobleza obliga – que nos da otro concepto importante a la definición del término “nobleza”. “La nobleza obliga” explícitamente implica ambas la superioridad del noble y su responsabilidad con aquellos menos capacitados o afortunados debido a esa superioridad – son las palabras del tío Ben que le pesan en la conciencia de Spiderman – “con gran poder viene gran responsabilidad”:

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"Noblesse oblige" se utiliza generalmente para dar a entender que junto al dinero, poder y prestigio vienen ciertas responsabilidades. Especialmente en inglés estadounidense, el término se usa comúnmente para sugerir que aquellos "más afortunados" están en la obligación moral de ayudar a aquellos que son "menos afortunados".ccxii

La Nobleza – esa calidad de sentirse y de saberse superior por haberse ganado ese derecho – y la humildad – el saberse o creerse inferior por dogma o decreto – son conceptos antagónicos. Generalmente hablando no vemos que la humildad sea una condición indispensable entre los Grandes de la historia: Ludwig Van Beethoven no era “humilde”; Leonardo Da Vinci tampoco lo fue; Alejandro Magno menos; Genghis Khan, ni hablemos. Tampoco fueron “humildes” Simón Bolívar, Amadeus Mozart, Thomas Edison, Thomas Jefferson, Bruce Lee, Martin Luther King Jr., Michael Jordan, Nelson Mandela, Napoleón Bonaparte, Aristóteles, Miguel Ángel, Picasso, etc., etc. Todos estaban muy conscientes de su valor, de lo que eran capaces, y de la superioridad que habían logrado. De hecho, cuando lo analizamos bien, el Buda tampoco fue “humilde”: cualquiera que sale de su palacio declarando que él mismo va a encontrar el remedio al sufrimiento – cuando ningún otro ser humano lo ha logrado – está afirmando explícitamente que es más capaz que cualquier otro para hacerlo. Gandhi tampoco fue “humilde”. Cualquiera que se sienta capaz de organizar una nación contra el imperio más poderoso de su día no tiene nada de “humilde”. Podrá ser “modesto”, es decir, consciente de sus limitaciones y no dado a alardear sus logros, pero jamás humilde; podrá ser “cortés”, o sea que “demuestra atención y cordialidad hacia las personas”. La modestia y la cortesía, de hecho, son ambas características de la nobleza, más la segunda que la primera. No discuto el valor de la humildad para aquél o aquella cuya posición o falta de formación lo requiera, pero una cultura de hombres humildes no va a dejar de arrastrarse como tales. Claro, que para un hispano religioso la “grandeza” del individuo es de poca monta: ¿de qué le sirve la grandeza si eso no le va a ganar la Gracia de Dios? De todos modos, recordemos las palabras de Emiliano Zapata: “El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre pero que

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no grite cuando lo pisen”. Pero como diría el personaje de Beowulf: “La hora de los héroes ha muerto, Wiglaf – el Dios Cristo los ha matado dejando a la humanidad con nada más que mártires llorones, llenos de miedo y vergüenza.”

Lo que he denominado en otro lugar “la Terna Negrera” – los gobiernos corruptos, las transnacionales insaciables, y las instituciones religiosas, sobre todo la Iglesia Católica – se ha beneficiado tremendamente del concepto de “humildad” que tanto valora el hispano – y de las multitudes de “gusanos” que ha engendrado. El catolicismo inculca el valor de la humildad en el hombre latino mediante la creencia de que “los últimos serán los primeros” en la muerte, el gobierno se asegura de que el latino siempre sea el último, y las transnacionales los explotan por serlo. De nuevo como bien dijo Zapata: “La ignorancia y el oscurantismo en todos los tiempos no han producido más que rebaños de esclavos para la tiranía”.

La idea por lo tanto, de que cada uno es libre de creer lo que quiera ha perpetuado un convenio entre “la ignorancia y el oscurantismo” de los “rebaños”, y los agentes de la “tiranía”. Para Freud la creencia en Dios era una inmadurez psicológica de un pueblo que busca una figura paterna – claro, en el caso de los hispanos una figura materna; para Marx, que presenció y comentó sobre los efectos devastadores del opio entre la población China a raíz de las guerras del opio con Gran Bretaña, la religión era otro estupefaciente adictivo más que reduce las masas sumisas y controlables; para Napoleón la religión es “lo que evita que los pobres maten a los ricos”. La lista de individuos de distinción e intelecto que hayan observado que la religión ha servido para mantener abajo a “los de abajo” es interminable. El convenio del “respeto a la creencia ajena” ha garantizado un status quo según el cual el pobre se siente regio con sus creencias y el rico se enriquece del pobre gracias a las mismas. El Primer Mundo promovía esa retórica a nivel ideológico y político porque a nivel económico y social le convenía que las “repúblicas bananas” tuvieran sus revoluciones, matanzas, gobiernos sádicos, y pueblos mártires porque desde la comodidad de sus pantallas anchas podrían ver los resultados como un canal de entretenimiento más – hasta la llegada del narcocomercio y su amenaza a

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su propia seguridad nacional y su propia salubridad pública. La sangre derramada en el Tercer Mundo empieza a salpicar los trajes de Wall Street.

1 comment:

  1. A todos nos gustaría creer que todos somos iguales y que podemos ser como se nos de la gana sin tener que sacrificar una calidad de vida digna, sin embargo las cosas no son asi. No es tan complicado de entender, si tus creencias te llevan a ir a un templo religioso todos los días pues eso harás y eso te llevara a ciertos lugares. Por otra parte, si tus creencias te llevan a leer ciencias diario, exactamente el mismo tiempo que la otra persona iba a su templo, entonces no es de sorprender que al final del dia, esta persona tenga más conocimientos y habilidades que la otra.
    Pero se podría argumentar que tal religión crea miembros éticos de la sociedad, en vez de unos creídos egoístas. Sin embargo, podemos tomar a Latinoamérica como el ejemplo perfecto de una serie de países religiosos donde sus resultados han sido ampliamente negativos.
    Uno de los valores defectuosos que promueve el catolicismo es el de la humildad. La idea en un principio suena como grandiosa, promover actitudes donde las personas no busquen ensalzarse a sí mismos para ser más que los demás. A largo plazo es cuando se ven las graves consecuencias de esto ya que no crecemos en un vacío. Tenemos por un lado a esta población que aprendió a hacer humilde “porque si” y por otra parte tenemos a otra población que aprendió a competir igualmente “porque si”. La tendencia va a ser que la población humilde hará lo que sabe hacer mejor (hacerse humilde) y los competitivos también harán lo que saben hacer mejor (competir) y debe ser evidente el resultado de la competencia global económica entre esas dos poblaciones.
    Alguien con mucha esperanza podría decir que algunos miembros de la población humilde podrían aprender a competir sin tener un conflicto con sus ideas. A primera vista tiene razón, sin embargo dos de las cualidades importantísimas de la competitividad son la altivez y la autoconfianza las cuales no son compatibles en lo absoluto con la humildad. Al tener en mente ideas humildes, las personas no distinguen entre altivez y soberbia ni entre autoconfianza y prepotencia. La humildad claramente indica que un individuo debe reducirse a sí mismo en frente de los demás, sean o no superiores lo cual no es propio de una persona altiva. Por otra parte, la autoconfianza consiste en que un individuo confié en sus propias capacidades mientras que las religiones latinoamericanas, por lo general, colocan al individuo como solamente el ejecutor de la voluntad divina, lo cual significa que la autoconfianza no tiene nada que ver con los éxitos y por lo tanto estorba, al no permitir que se entregue por completo a su fe.
    Para finalizar, se podría argumentar que en Latinoamérica, al carecer de la competitividad de otras culturas, sus miembros hacen mejores equipos y cooperan mejor porque no están ocupados compitiendo entre sí. Bajo circunstancias “de un vacío” esto sería cierto. Sin embargo aquí es donde una vez más el concepto de la humildad acaba por completo con la cooperación verdadera entre múltiples escalones socio-económicos dentro del país porque, por definición, donde hay humildad no hay nobleza. La nobleza se distingue por ser, en parte, una responsabilidad con las personas que son inferiores (en cualquier sentido) y estas personas están ‘obligadas’ a ayudarles. En un contexto donde todos son humildes, todos se consideran a sí mismos más abajo o iguales que los demás entonces, psicológicamente hablando, no hay necesidad (o posibilidad) de ayudar a alguien igual (o superior).
    Claro que hay expresiones y podríamos hablar de estas “todo el día” sin embargo, cuando se acabe el día, la mayoría de la población (y por lo tanto, la nación) seguirá perdiendo constantemente contra las culturas mas competitivas.

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